miércoles, 5 de diciembre de 2018

"Cuerpos agitados" - Diciembre 2018

I N S T I T U T O   O S C A R   M A S O T T A 2
D e l e g a c i ó n   R í o   G a l l e g o s


"Cuerpos agitados"

(Texto a publicado en el diario La Opinión Austral, diciembre de 2018)

Autor: 
Lic. Cintya González (Co-responsable de la Delegación Río Gallegos del I.O.M.2 y 
Miembro de la A.B.A.P.) – Lic. Natalia Pelizzetti (Miembro del IOM2 y Presidente de la ABAP)

Las personas, en estos tiempos, llegan a los consultorios afectados por todo tipo de malestares, sin asociación  alguna entre lo padecido y lo acontecido.
Nos interrogamos por la agitación del cuerpo en consonancia con las exigencias de la época, vemos la aceleración en el transcurrir cotidiano, el empuje al éxito y al consumo de productos, el exceso de trabajo, la irritabilidad, intolerancia e individualismo que trae aparejado consecuencias en las relaciones sociales, en la convivencia con el otro. ¿A qué nos referimos con agitación? A estados de nerviosismo, exaltación, hiperactividad, tensión, sensación de inquietud.
De las sensaciones de nuestro cuerpo cada uno hace una interpretación a través de palabras y eso permite poder darle un sentido a lo que uno siente, y así hay un registro de las propias vivencias.
La palabra en su dimensión simbólica, en nuestra época está en decadencia, el sentido que le damos a lo que nos pasa es cada vez más escaso, hay menos lugar a la búsqueda de un sentido, de interrogarnos. Esto tiene consecuencias en las manifestaciones psicopatológicas, el aumento de los ataques de pánico, la hiperactividad. Hay menor registro de las señales corporales, no hay lugar al malestar, y vemos el incremento de personas que sufren desde contracturas, hasta  ACV, infartos, hemorragias digestivas, fibromialgias, otras.
Como uno de los ejemplos en el ámbito “psi” de manifestación de malestar actual se encuentra el ya muy conocido “ataque de pánico” cuya evidencia es la ausencia máxima de sentido: de pronto algo surge que desespera al sujeto, llevándolo hasta la máxima sensación de vértigo, pero cuando se intenta precisar que fue lo que pasó, allí no ocurrió nada, o lo que ocurrió no tienen ningún sentido, no hay sentido que pueda evitar o explicar lo que allí ha sucedido. No hay palabra que nombre, que apacigüe, lo que acontece.
Para aportar otro ejemplo de lo expuesto citamos una alusión que se repite entre las personas adictas o  que establecen una relación problemática con alguna sustancia, especialmente al alcohol: “el cuerpo me pide”. ¿Cómo es que el cuerpo puede pedir algo, en este caso alcohol?, ¿ante que situaciones ocurre esto?
El hábito toxicómano, el de consumir,  está dirigido al cuerpo directamente, a generar efectos en el organismo. “cuando discuto con mi familia, me siento mal y me dan ganas de tomar” dice un paciente en recuperación, parece que ante episodios de frustración y conflicto surge el impulso de tomar, anestesiando el cuerpo a través del uso del alcohol,  no habiendo nada del orden del pensamiento que intervenga a fin de limitar o evitar tal impulso.
  Se puede observar  un funcionamiento donde el cuerpo está separado de la psiquis y no puede ser mediatizado por la palabra de modo tal que ese cuerpo no es apropiado sintiéndolo como ajeno, como si la cabeza fuera para un lado y el cuerpo para otro sin conexión alguna. Esto permite desimplicarse, o sea no responsabilizarse de los efectos de sus actos ni sus dichos obturando la posibilidad de preguntarse por el deseo y de asumir el peso de las decisiones.
Vemos que la idea de unidad del cuerpo a quedado atrás y lo que está en marcha es más una ajenidad del cuerpo, y a la par, la búsqueda de un alivio inmediato, instantáneo, fuera del sujeto, en las drogas, el alcohol, medicación, etc…. ¿cómo obtener un dominio de nuestro cuerpo?. Para ello, primero hay que apropiárselo. De ahí que uno podría detenerse y tener un límite, ya que sabemos que toda acción humana está comandada por una satisfacción. En este sentido todo puede convertirse en adictivo.
Para pensar al respecto del uso de alcohol  vemos que hay un placer en juego y es difícil definir  el límite  e interrogarnos ¿hasta dónde el daño que alguien se hace, bebiendo en exceso,  afecta a los demás, y afecta al orden público?
Si el cuerpo es entendido como totalmente privado cada uno podría decidir qué hacer…si lo entendemos como público, el tema es más difícil de conciliar porque da lugar a la intervención de instituciones sanitarias, judiciales, etc.,  cuyos actores intervinientes comienzan a tomar decisiones sobre la vida de un sujeto.
De acuerdo con los desarrollos del psicoanálisis cabe aclarar que el cuerpo  es una noción que cada uno construye y es  la sede de la satisfacción. Puede pensarse al cuerpo como una caja de resonancia como  efecto del lenguaje, registrando por un lado cómo nos llegan algunos dichos, como las palabras nos tocan y  también reconociendo como se obtiene satisfacción, pensemos como con los piropos.
La idea de cuerpo como caja de resonancia fundamenta la existencia de espacios analíticos que generen la posibilidad de ligar el cuerpo con la mente y posibilitar cambios subjetivos en cada uno de nosotros.

Auspicia: Colegio de Psicólogos de la Provincia de Santa Cruz
Asociación de la Biblioteca Austral de Psicoanálisis
Informes: (02966) 15459476 – 15690793
E-mail: bapriogallegos@gmail.com
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